HELEN
KELLER
1880-1968
La personificación de la voluntad,
la autosuperacion llevada a su máxima expresión, serían las formas de definir a
Helen Keller, quien, no obstante sus deficiencias físicas llevó con ahínco una
vida que se ha convertido un ejemplo para todos sus congéneres.
Nació el 27 de junio de 1880 en la
población de Tuscumbia, Alabama, Estados Unidos. Sus padres fueron Arthur
Keller y Kate Adams. Cuando llegó a los 19 meses de edad, sufrió de altas
fiebres que la afectan el cerebro. Poco tiempo después, su madre se dio cuenta
que Helen no podía ver, oír ni hablar. De nada valieron los permanentes
controles médicos de que fue objeto a partir de entonces. Helen creció
prisionera de sí misma y manifestaba su incapacidad con enojosas escenas de
rebeldía.
Los padres, por intermedio de
Alexander Graham Bell, se pusieron en contacto con el director del Instituto
Perkins de Boston, el doctor Michael Anagnos, con el objeto encontrado alguna
solución al problema de Helen. El aludido médico envío, en 1887, a la señorita
Anne Sullivan, quién también había sufrido de ceguera, para que se hiciera
cargo de la hija de los Keller. Desde el inicio de su titánica misión, Anne se
gano el aprecio de Helen, gracias al método sencillo y casi maternal que tuvo
con ella.
Le enseñó por medio de señas en la palma de la
mano, las letras, la composición de las palabras, el significado de los objetos
y la escritura braille. Con una tenacidad admirable, Helen aprendió rápidamente
sus lecciones, y al poco tiempo era capaz de escribir y leer cartas.
La señorita Sara Fuller, mediante
técnicas utilizadas en sus instituto, logro que Helen emitirá sonidos con su
boca, que con la perseverancia que la caracterizaba, le permitió hablar casi
perfectamente. En 1896, Helen Keller pasó con éxito los exámenes que le permitirán
ingresar al colegio Radcliffe, donde se graduó con todos los honores. Quiso
valerse por sí misma, y para ello dictó conferencias en varias ciudades, acto
en una compañía de variedades, y trabajo en la fundación americana para ciegos.
Además, escribió los libros “Historia de mi vida” y “Dejadme tener confianza”. A
los 88 años de edad, Helen Keller murió el primero de junio de 1968 en Easton,
Connecticut.
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