Este blog busca una reconfiguraciòn social de la humanidad desde la historiografìa en torno al papel de mujer como sujeto social activo en el devenir de la sociedad. El propósito es fomentar una critica en el lector de su quehacer cotidiano en busca de una equidad social, planteado desde la humanidad.

viernes, 10 de junio de 2016

BEATRIZ GONZALEZ

BEATRIZ GONZALEZ

Estudio bellas artes en Los Andes y curso de grabado en Holanda posee el título de la pintora más importante de Colombia. De ahí surgió una obra llena de ironía y sinceridad, que cumplió todas las expectativas de la generación de artistas que llevaron la pintura colombiana a la modernidad. Aunque en sus inicios escandalizó con sus parodias de próceres, finalmente ha sido aplaudida -incluso por los presidentes que pintó sobre cortinas de baño-, y es unánime el concepto de que ha construido una de las obras más coherentes del arte colombiano. 

En 1964 se presentó por primera vez en Bogotá con una exposición sobre La encajera del pintor holandés del siglo XVII Jan Vermeer. Inspirada en este cuadro, Beatriz González realizó una serie de variaciones de indiscutible buen gusto. Su obra se caracterizó por los colores vivos y planos y las composiciones armónicas. Posteriormente vinieron, en 1965, las variaciones sobre La niña-montaje, en las que reafirmó su refinamiento cromático. Este mismo año realizó las dos versiones de Los suicidas del Sisga (segundo premio especial en Pintura del XVII Salón de Artistas Nacionales, 1965), trabajadas a partir de una fotografía de prensa, con las que se inicia su obra más característica, siempre relacionada con el país y lo colombiano y plenamente consciente de que sólo desde lo provinciano se puede alcanzar lo universal: Yo creo que el arte es universal y que eso de la pintura colombiana son tonterías.
Dos razones han llevado a Beatriz González a trabajar con obras famosas de la historia de la pintura: su inhabilidad para componer y su admiración por las obras artísticas. La pintora confiesa tener una visión prejuiciada de la historia del arte. A toda hora, en todas partes, asocia experiencias visuales con cuadros famosos. A partir de un objeto cualquiera, a partir de la textura de una madera o de la forma de un mueble, surge la asociación estética. Así, por ejemplo, de unos toalleros en forma de concha surgió la imagen de la obra de Botricelli El nacimiento de Venus; de una lámina de madeflex estriado, un bodegón de Braque; de un peinador con espejo circular un tondo de Rafael.
Porque si es cierto que Beatriz González copia la composición de las obras del pasado, no hay duda de que siempre inventa una nueva relación cromática y muchas veces también un nuevo procedimiento. Desde comienzos de los ochenta, su producción se ha centrado, siempre con el apoyo de las fotografías de prensa, en la realidad colombiana. Desde sus numerosos trabajos relacionados con la figura del presidente Julio César Turbay (dibujos al grafito, la serigrafía Decoración de interiores) hasta sus dramáticas versiones de la muerte del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha (Retratos mudos), pasando por Las Ibáñez, las viñetas de la tragedia (Un uxoricidio) y la comedia (Turbay condecorando a un personaje), los temas relacionados con los presidentes de la República (Plumario colombiano, Los papagayos, Sr. Presidente qué honor estar con Ud. en este momento histórico, alusivo a los acontecimientos relacionados con la toma del Palacio de Justicia en 1985), el ciclista Martín Emilio Rodríguez "Cochise", el ciclista Lucho Herrera y su apoteosis con el presidente Virgilio Barco, el futbolista René Higuita, los soldados vestidos en traje de campaña, los hombres asesinados etc., hay ahora un exclusivo y profundo interés por todo lo nacional, tanto desde el punto de vista histórico como desde el de la actualidad.

Pero el cambio no es solamente temático, también es formal y de contenido. El manejo de los elementos formales (planos, colores, composiciones) es ahora más complejo y descarnado y la intención de decir, a través de aquellos elementos, cuán caótica y dramática es la situación, es más escueta y aladina. La artista no hace concesiones a nada, su tono se ha vuelto severo. Esto no significa que sus cuadros hayan perdido la calidad artística que los ha caracterizado: muy lejos de cualquier noción de belleza, sus representaciones siguen atrayendo por las convincentes relaciones de las formas y de éstas con sus contenidos. Como acertadamente lo ha señalado Luis Caballero, el color de sus cuadros sigue siendo refinado, aun en las armonías más absurdas, y la línea de sus dibujos sigue siendo acertada dentro de las torpezas más sofisticadas.1

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